La Coctelera

señora de las alturas (prestado)

Como loco desvariaba,
te marchaste de mi lado,
y como loco desvariaba
porque no me merecía
el modo en que me tratabas,
mientras tu te divertías
me dejabas solo en casa.

No es manía ni locura
esto que tengo contigo,
no es manía ni locura,
que los mejores doctores
no han encontrado la cura
que no venga de tu mano,
señora de las alturas.

Si nadie te da calor
donde quiera que te arrimas,
si nadie te da calor
vente que yo te daré
zumo de mi corazón,
vente que yo te daré
zumo de mi corazón.

Si te quieres venir
puedo pasarme a buscarte,
si te quedas conmigo
para que pueda contarte
lo mucho que te necesito,
aunque creo que ya lo sabes
voy a volver a decirlo,
que te quiero más que nadie
que te sigo queriendo lo mismo,
para que alivies mis males
señora de mis abismos.

Que por tu ventana sale,
es tanta la claridad
que por tu ventana sale
que dice la vecindad
ya está la luna en la calle.

(LP.)

éter

Podía haber nacido antes, podía haber sido, por ejemplo, un vegetal. La cosa es que ahora estoy aquí plantado, en medio de esta llanura blanca infinita, esperando y mirando alrededor. El suelo se junta con el cielo allá a lo lejos, en un horizonte que me rodea. Me vigila en la distancia. Abraza pero no aprieta. Ah, este sol y este cielo azul. A veces viene una brisa, sopla durante un rato, cierro los ojos, y luego se va a algún otro sitio en medio de esta nada. La mayor parte del tiempo hay quietud. Espacio y tiempo. Tiempo. Azul y luz. No hace demasiado calor, a pesar de todo, la temperatura es agradable. Ay, esta luz, que casi retumba. Blanco, azul. Entorno los ojos y miro al fondo de este disco brillante, giro en torno al mismo punto, recorro la línea visual que se difumina y se pierde donde ya no alcanzo a ver. Solo. Azul, blanco. Pum, pum. Estoy aquí, la luz. Vuelve otra leve brisa. Cierro los ojos, abro la boca y me lleno de aire. ¿De dónde viene este aire? ¿Dónde irá, después de acariciarme el paladar y los pulmones? Estoy aquí solo, esperando. Podía haber nacido antes o haber sido otra cosa. Pero he nacido aquí, y ahora estoy esperando entre este blanco, este azul y esta luz que me rodean.

R.

hechizo

[...] los teístas [creyentes] modernos podrían reconocer que, cuando se trata de Baal y el Becerro de Oro, Thor y Wotan, Poseidón y Apolo, Mithras y Amón Ra, ellos son realmente ateos. Todos nosotros somos ateos en lo que respecta a la mayor parte de los dioses en los que la humanidad ha creído alguna vez. Es sólo que algunos de nosotros contamos un dios más.

 

(R. Dawkins, citado por D.C. Dennett en "Romper el hechizo")

 

roto

metafísica

Pido encarecidamente que no pase este momento. Que se detenga el tiempo, que se conserve el instante detenido, que se congele el aire a mi alrededor y me impida moverme. El sol es nuevo, de una mañana sin nubes ni miedos. Un cielo limpio y frío, un chorro de luz a través del cristal que rebota y se expande. Y en el fondo una especie de Chopin hace de las suyas, como una caricia en el pelo y en las yemas de los dedos. Me esparzo en una masa adormilada, me derrito en un bostezo. El paladar y la lengua impregnados de café. La mañana se detiene en este instante, el piano hace una filigrana, surgen las ideas y los conceptos a veces claros a veces difusos, una ontología propia y personal, que surge en el mismo centro del cerebro y brota en ondas concéntricas hacia todos lados. De forma que a mi alrededor sólo veo lo que soy o lo que quiero ser y por eso intento ser todas las cosas para que no se me escape nada a la observación y al entendimiento, y no tener rincones oscuros que no alcance a comprender. Y emana y fluye la esencia, que es y existe y a la vez no es ni existe ni es nada salvo conjetura y voluntad, ánimo y transición. Pienso en el arte y de inmediato tengo fe en él, quiero al instante mi redención, mi eternidad. Quiero mostrarme tal como soy pero no me da tiempo porque las capas son muchas y se superponen y hay tantos matices y tantas texturas que si me paro a describirlas me salgo del cuadro y pierdo la perspectiva. Cómo juzgar y definir permaneciendo en lo juzgado, sin hacer un paréntesis que me prive de la experiencia y el disfrute del momento de observar y juzgar. ¿Seremos capaces de entenderlo todo? No podremos verlo todo, sólo alcanzaremos a ver una minúscula parte, un reducto residual al que llamaremos vida y con el que nos tendremos que conformar si no queremos caer en la desesperación y la angustia. Porque es angustia todo lo que existe más allá del afecto. El afecto es lo que nos salva porque más allá de él no hay nada salvo una esfera metálica opaca contra la que rebotamos y que nos desorienta y nos descarrila. Así que empiezo cultivando el compromiso por el afecto, la empatía por el momento, lo actual e instantáneo que llamo realidad y que en esencia no es nada porque es inasible. Si lo intentas definir, ya se te ha escapado. Y ahora decido escapar y verlo todo desde fuera del ahora y el aquí, mirar desde una perspectiva atemporal y absurda, que se expresa en el sol de esta azotea, el piano de esa especie de Chaikovski y el ruido de la máquina de café.

prisa

Tarde. Radio de fondo. Escucho que Santiago Carrillo cumple hoy 95 años. Y pienso, ¿cómo juzgará la historia nuestros posicionamientos políticos? La historia a largo plazo, me refiero. Entendiendo como largo plazo el tiempo suficiente para llegar a un punto futuro en el que el sistema se colapse o se alcance el punto de no retorno. Dejando de lado las posturas más abiertamente reaccionarias y retrógradas, parece claro que la mayoría de las tendencias políticas actuales buscan, a su manera, mejorar la situación del ser humano, poniendo mayor énfasis en una u otra faceta (económica, política, social, etc) o dentro de un ámbito geográfico más o menos extenso (región, nación, estado, supra-nación, etc). Lo que realmente distingue a las diferentes corrientes políticas _estén cristalizadas o no en una estructura u organización política definida y concreta_ no es la magnitud del cambio que promulgan, pues en última instancia cualquier pequeña transformación puede devenir con el tiempo en una gran metamorfosis. Lo que define propiamente a cada ideal político es el parámetro temporal, el ritmo. Lo que yo llamaría la prisa o la urgencia. Cada teoría política busca transformar el mundo con una urgencia específica. Así, los ideales más extremistas luchan por cambiar el mundo de forma inmediata, mientras que las concepciones más moderadas conciben el necesario cambio a un ritmo más pausado, aun cuando las transformaciones sociales que promulguen sean tan profundas como las de las más expeditivas revoluciones.

La historia moderna parece mostrarnos demasiadas catástrofes y desgracias asociadas a movimientos y políticas extremistas, crisis revolucionarias en uno u otro sentido. Las tesis moderadas se han ido afianzando y han ido ganando terreno, demostrando la capacidad de producir sociedades con altos grados de democracia y desarrollo económico en diferentes latitudes. El término medio, la contemporización, la diplomacia argumental parecen recetas eficaces para evitar cualquier fanatismo y para garantizar la estabilidad y el progreso.

Sin embargo, paradójicamente todo esto ha venido decantando en una sociedad global en la que las cifras de miseria y desigualdad cada vez son más estremecedoras y presentan un crecimiento continuado para el que no se atisba fin. Un mundo en el que el ecosistema _y con él los recursos naturales necesarios para el funcionamiento del propio sistema_ cada vez está más irreversiblemente amenazado. Un mundo con desequilibrios económicos, sociales, políticos, étnicos y religiosos capaces de mantener perennemente encendidos profundos conflictos cuya solución parece no llegar nunca, y con decenas de nuevos conflictos estallando cada día.

Ante este panorama, ¿es el moderantismo imperante capaz de proponer soluciones válidas y eficaces? ¿Realmente nos creemos los sistemas políticos que defendemos y presentamos como solución, o simplemente es una forma de mantener limpias nuestras conciencias? ¿Cómo de urgentes deben ser las soluciones (y su aplicación) que imaginemos? ¿Cómo de inocentes o culpables somos de la desgracia y el sufrimiento humano que acontecen mientras las soluciones políticas que imaginamos y proponemos son temporalmente deficitarias e ineficaces? ¿Es justificable intentar "arreglar el mundo" con propuestas de solución de aplicación tan lenta que, a pesar de apuntar hacia futuros prometedores y estables, se lleven por el camino tiempo y millones de vidas humanas cuyo tiempo se agota a cada segundo que pasa?
La actitud política moderada trata de evitar extremismos y buscar soluciones estables y pacíficas, pero el mundo actualmente está tan violentado y tan en número rojos, que a veces me pregunto: ¿no está esta actitud política moderada tan manchada de sangre por inacción como los extremismos por acción?

la isla de las flores

http://www.greenpeace.org/espana/news/100111

http://www.greenpeace.org/espana/news/100111